«Un lomo, pero término medio, sin cebolla, y ponle extra queso». Suena simple. En la práctica ese pedido tiene que sobrevivir tres traspasos: del cliente al mozo, del mozo a la cocina y de la cocina a la boleta. Si en alguno se cae, el plato vuelve — y eso cuesta plata y una mesa molesta.
1 Los tres sitios donde se pierde el pedido
Cuando las opciones no están en el sistema, cada una viaja como puede:
- El mozo lo anota al costado de la comanda… si se acuerda.
- La cocina lo interpreta de una letra apurada.
- La caja no se entera de que el extra queso costaba S/ 2, y ese ingreso se pierde.
Lo tercero es lo que más duele y lo que menos se nota: adiciones que se sirven y no se cobran, todos los días, en todas las mesas.
2 Cómo se ve al tomar el pedido
Cuando un plato tiene opciones configuradas, al tocarlo en el punto de venta se abre su ventana antes de sumarlo al pedido. El mozo elige, y recién ahí el plato entra a la comanda.

Todo lo que afirma esta guía está comprobado sobre el sistema real. Las capturas son pantallas reales de Facturalaya, no maquetas.
Dos cosas que agradece un mozo con prisa: el grupo obligatorio no deja continuar hasta que se elige (nadie manda a cocina un lomo sin término), y hay un atajo de «sin adiciones con precio» para el caso más común, que es no agregar nada.
Cada adición no cobrada es margen que se va. Ponerle precio a «extra queso» es la mejora más barata de tu carta.
Quiero probarlo gratis3 Qué llega a cocina y qué llega a la boleta
Aquí está la parte pensada, y conviene entenderla porque no es obvia:
- A la comanda va todo. El plato sale impreso con su elección al lado —“Lomo Saltado Tradicional (Término medio)”— junto con las adiciones y las notas. La cocina ve el pedido completo.
- Al comprobante va solo lo que cuesta. Cada adición con precio sale como una línea separada en el comprobante, con su nombre y su importe. Las opciones gratuitas —el “sin cebolla”, el término— no generan línea fiscal: cumplen su función en cocina y no ensucian la boleta del cliente.
Es la separación correcta: la cocina necesita instrucciones, el comprobante necesita importes. Cada uno recibe lo suyo desde una sola acción del mozo.
4 Cómo se arma cada grupo de opciones
Un grupo de opciones se configura una vez y se reutiliza en todos los platos que lo necesiten. De cada uno defines:
- Si es obligatorio u opcional (el término de la carne: obligatorio; las adiciones: opcionales).
- Si se elige una sola opción o varias (término: una; toppings: varios).
- El precio de cada opción, cuando corresponda. Sin precio, es una instrucción; con precio, es algo que se cobra.
Esto es lo que convierte una carta con “consultar opciones” en una carta que se vende sola: el sistema pregunta por ti, en el momento exacto, y no depende de que el mozo nuevo se acuerde.
5 Las notas rápidas, para lo que no está en la lista
Siempre habrá un pedido que no encaja en ningún grupo. Para eso están las notas rápidas: avisos cortos —“sin ají”, “para llevar”, “extra picante”, “sin sal”— que se tocan y viajan con el plato a cocina, más una nota libre por si hace falta escribir algo.
La diferencia con las opciones es simple: las notas informan, las opciones con precio cobran. Un “sin sal” es una nota; un “extra queso” debería ser una adición con su precio.
Y todo esto llega a la cocina por el camino que ya usas — incluida tu impresora térmica desde el celular.
Configúralo una tarde y ganas dos cosas para siempre: platos que salen como el cliente los pidió, y adiciones que por fin se cobran.
Preguntas frecuentes
¿Cómo hago que la cocina sepa el término de la carne?
¿Las adiciones con precio se cobran solas?
¿Y las opciones gratuitas, como «sin cebolla»?
¿Puedo obligar a elegir una opción?
¿Y los pedidos raros que no están en ninguna lista?
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